Crecimos entre pinos, mareas y recuerdos de verano.
Nuestra historia empieza mucho antes del primer visitante con mochila. Se remonta a los años 40, cuando la familia Fernández Monzonís llegó por primera vez a las Islas Cíes y se enamoró de la belleza salvaje de la Isla do Faro. Decidieron echar raíces en este rincón del mundo y abrieron una pequeña casa de comidas conocida como O Eido do Lago, un lugar humilde donde se cocinaba con cariño para pescadores, marineros y los primeros veraneantes.
Desde pequeños, los hijos de la familia crecieron entre olas, senderos y el ir y venir de la cocina. En 1970, uno de ellos, Emilio, decidió dar un paso más. Con mucha ilusión y el deseo de compartir este lugar tan especial, fundó el Camping Islas Cíes, manteniendo vivo ese espíritu cercano y familiar que siempre lo había acompañado.
En aquellos primeros años, el camping era un rincón sencillo y tranquilo, donde vecinos de Vigo, Cangas o Baiona venían a pasar el verano. Montaban sus tiendas junto al lago, pasaban los días entre baños y caminatas, y las noches al aire libre, sin necesidad de mucho más.
El camping ha cambiado con los años: ahora ofrecemos tiendas de alquiler equipadas con cama para mayor comodidad, hemos renovado nuestras instalaciones y trabajamos con un compromiso claro con la sostenibilidad y el cuidado del entorno.
Pero hay algo que no ha cambiado desde aquel primer verano: la esencia.
Seguimos creyendo que lo importante está en lo simple: una ducha después de la playa, una conversación sin prisa, el sonido del mar al caer la noche o un cielo lleno de estrellas que invita a quedarse en silencio.
Porque acampar aquí no es solo dormir en plena naturaleza.
Es parar. Compartir. Desconectar del ritmo de siempre.
Es sentirse parte —aunque sea por unos días— de algo muy especial.
Un lugar donde todo ocurre un poco más despacio.
Y a veces, eso es justo lo que uno necesita.